2006-06-20

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Vísperas...



Sabía de antemano que lunes y martes serían días de locos. El miércoles viajo a Tylösand a Tango camp y eran muchas las cosas que debía preparar.

Ahora se que son más aún.

Mis hijas regresaron de Hultsfredsfestivalen cansadas, pero felices por la experiencia. Todo estuvo genial salvo que a una le robaron la mochila y la otra llegó con amigdalitis. Así es que hoy me las he dado de enfermera mientras llamaba a la oficina de seguros para recuperar algo de lo perdido; celulares, neceseres con los cosméticos, ropa interior, cámara fotográfica etc. etc... mientras lavaba la ropa que salvaron, mientras hacía las compras, mientras solicitaba un aplazamiento para la “audition” de Amanda - ya aplazada una vez puesto que la fecha original era antes de que ella regresara de USA - para entrar a estudiar la linea de artes escénicas. Gentil el profesor ya que el otorgarle el aplazamiento le significará sacrificar una de las tardes de este fin de semana que es cuando en Suecia se celebra la fiesta más importante del verano.
"Midsommar"

Terminaba mi difráz de Princesa de Arabia (tanguera) con el que me propongo ganar el campeonato la noche de milonga del jueves y soñaba con ir a descansar cuando se aparece en el MSN mi hija menor que estaba en la casa del padre, con ganas de charlar. Le ofrecí llamarla para que fuera más rápido, pero no...

Son ya las cinco de la mañana y debo levantarme dentro de un par de horas...

Sólo deseo que la cama del
Hotel Tylösand , lugar donde se llevará a cabo todo el evento, sea cómoda... De lo contrario el dueño, Per Gessle, uno de los integrantes de Roxette se las tendrá que ver conmigo...

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2006-06-12

“Narigón”, música y letra de Daniel Melingo.

Mientras escucho el tema “Narigón” de Daniel Melingo empiezo, casi inconscientemente, a hacer una lista imaginaria de los “narigones de mi vida”.

Por los pagos de mi barrio
había un tipo que se las daba de guapo,
pero su mente estaba revirada.
Le decían el narigón...”


El primero de todos, mi primer amor. Mi padre. El no era coquero como el narigón de la canción, pero sí un fumador empedernido que murió de cancer al pulmón y con un cigarrillo en la comisura de sus labios.
Antes de que eso ocurriera yo le agradecí a él - de todo corazón - el haberme dado al menos la mitad del billete de ingreso a la más importante de todas las funciones...
Recuerdo que él, lleno de vida, soñaba despierto con estar vivo para el cambio de milenio. Le faltó más de una década para realizar su sueño pero como nunca dijo nada en su lecho de moribundo, ignoro si en ese momento lo lamentó. Creo saber que él no quería morir – entre otras cosas y esto lo sé a ciencia cierta – porque él dejó otro de sus sueños sin realizar.



Mi padre me dejó definitivamente durante uno de los tres períodos más importantes de mi vida. Alrededor de un año antes de su muerte ambos habíamos estado afectados por el mismo mal y al mismo tiempo. Nos diagnosticaron entonces una inflamación muscular que nos impedía mover el brazo izquierdo amén de borrar de nuestros labios de fumadores nuestra típica sonrisa. He tenido dos de esas inflamaciones en mi vida y cualquiera de ellas fue más dolorosa que cualquiera de mis tres partos, pero las dos juntas fueron la nada misma comparadas con los dolores que él sufrió en sus últimos momentos.

Mis músculos jóvenes de entonces se recuperaron rápidamente, pero no así los de él que recibieron su sentencia de muerte poco después que yo rebeldemente sentenciara que nacería mi segunda hija – a pesar de que los médicos la daban por perdida.

Muchas veces me pregunté de qué manera sellarían a mi hija, estas – sus primeras circunstancias. Mientras yo acariciaba la mano inquieta de mi padre, rebelde como siempre fue, aunque a ratos entregada a su derrota inminente, Amanda marcaba dentro de mi su firme decisión de llegar a este mundo, sana y salva, un mes y cinco días después la muerte de su abuelo materno.

Han pasado casi 17 años desde entonces...

A ella, que ha regresado reciéntemente de California donde eligió irse a vivir hace un año atrás para perfeccionar su inglés, le he regalado el billete que le dará derecho a disfrutar los tres días que durará Hultsfredsfestivalen – el festival de música más importante de Suecia que se realiza todos los años en el mes de junio.



El segundo narigón era un señor "muy mayor" que debe haber tenido los casi cincuenta que yo tengo ahora cuando lo conocí superficialmente durante mi temprana juventud. Su nombre no lo recuerdo pero sí algo que me dijo en una oportunindad muy puntual... “Mayita, de la fiesta hay que saber retirarse cuando esta está en lo mejor, después – siempre viene el declive”.

Era dificil, ¡pero cuánta razón tenía!

Su nariz era enorme, una masa roja amoratada que podría haber distraído a cualquiera, pero no, no era así. Cuando el señor narigón hablaba, todos lo escuchaban ya que él era un hombre carismático y de gran autoridad.

Al alejarse de mi después de cada encuentro – siempre casuales y fugaces – lo hacia canturreando...

“ ...El amor es torbellino de pureza original,
hasta el feroz animal susurra su dulce trino.
Detiene a los peregrinos, libera a los prisioneros.
El amor con sus esmeros al viejo lo vuelve niño.
Y al malo sólo el cariño, lo vuelve puro y sincero... ”
(Volver a los 17. Violeta Parra)



El tercero es un narigón chanta (lunfardo: insolvente moral). Un delincuente emocional ya que se nutre a consciencia y metódicamente de los afectos que despierta – si no con la violencia que suele usar el delincuente común – a fuerza de patrañas al cual chanté, a la hora del desengaño, con las dos mejores bofetadas de mi vida. A este chanta - que también canturreaba – no le cobraré nunca los cincuenta euros que ofrecí prestarle en Barajas cuando estaba perdiendo el avión por no tener solvencia, económica en esta ocasión, para validar el billete que le permitiría cruzar el charco y que él aceptó condicionando absurdamente, con que yo le permitiera reembolsármelos en cuanto él llegara a Chile. Fue uno de sus amigos, que regresaba en el mismo vuelo, el que días antes me había dado la clave para terminar de desenmascararlo. Quiero ser justa a pesar del desprecio que siento por este espurio, por esa razón agrego que aunque esta no fue esta la única deuda económica que él contrajo conmigo, que no saldó; es la única que yo considero deuda. Por lo demás el siempre, al igual que yo, actuó muy generosamente con la moneda. Quizá sea más exacto decir que ambos actuamos correctamente en ese sentido.

No se si el señor de la naríz con huellas de viruela lo haya sido, pero tanto a mi padre como al chanta se les puede describir como mentirosos notorios. No se cual más – si mi padre que lo fue o el chanta, que aún lo es – pero conversándolo con mi madre, que dicho sea de paso es la transparencia misma, llegamos a la conclusión que en este caso se podría aplicar el cliché: “Todo tiempo pasado fue mejor”.

Algunos meses antes de que mi padre y yo nos enfermáramos tuvimos, por iniciativa mia, nuestra única conversación de igual a igual. En esa oportunidad le dije todo lo que quería decirle y él, dando muestras de su gran talento, supo escucharme con cara de punto suspensivo hasta que yo puse el punto final dándole las gracias que le correspondían por haberme dado el billete principal. El de acceso a la vida.

Acabo de empezar a leer el libro, recientemente editado en sueco, “Mi vida hasta ahora” de Jane Fonda. Me lo prestó con vehementes recomendaciones el gran amor de mi vida, cuya franqueza y honestidad son indiscutibles y que cuya naríz, sin ser pequeña, no se clasifica para esta lista; mi ex esposo. A él se lo regaló Jane Fonda misma con un corazón entre su nombre y el de él a modo de dedicatoria después de haberse conocido en... Al ver el corazón que ella dibujó tuve una fuerte corazonada...

En la tercera página del prólogo ella dice lo que me llevó a suspender la lectura y sentarme a escribir.

“... Mi padre yacía en su lecho de moribundo. Yo acostumbraba a sentarme a su lado largas horas y desear que él hablara conmigo; que me dijera algo de lo que pensaba y sentía mientras acunado por la muerte se alejaba de nosotros hacia la eternidad. Nunca lo hizo.”

Cuando yo era niña oí muchas veces que al que mentía le empezaba a crecer la nariz. ¡Qué gran mentira!

Soy una convencida de que lo único que crece cuando uno miente, es la distancia entre uno mismo y los demás. Y como acotaron algunos buenos amigos con los que conversé el tema - crece, lo que es peor aún, la distancia entre "uno mismo y uno mismo.”


Y de Daniel Melingo sigo oyendo:

“...Narigon Compadre - Que hiciste de tu sangre?
Narigon compadre - Malevo de pacotilla
Narigon Compadre - Aprende de una vez a darle
Narigon Compadre….”

2006-05-30

¿Nos vemos en Copenhague?

El martes pasado, a eso de la medianoche y muy contrario a mis (malas) costumbres, estaba por desconectarme de la vida virtual para entregarme realmente a la de los sueños, cuando vi que me había llegado un mail de última hora. Era uno de mis amigos tangueros de Estocolmo que me preguntaba ¿“Nos vemos en Copenhague”?

Se refería al Festival Internacional de Tango que se llevaría a cabo de miércoles a domingo.

“Desgraciadamente no”, le respondí, ya que había llegado tarde a la venta de los 200 abonos para las cuatro milongas con orquestas y no me atrevía a correr el riesgo de sufrir una desilusión mayor aún si llegaba tarde a la venta de las escasas 50 entradas que se venderían cada noche a partir de las 21:00 horas.
Fue entonces cuando Jonas – así se llama mi amigo – prendió la llamita de la esperanza con una llamada telefónica.

“Tengo una amiga que vende su abono porque no podrá viajar por inconvenientes de último minuto, trataré de ubicarla”, dijo antes de cortar.

Alcancé a pensar: “Soy una gran suertuda” antes de comenzar la carrera contra el tiempo. Envié mails, SMS y algunos fax para preparar todo en caso de que las cosas se dieran a mi favor. A eso de las cuatro de la mañana – o sea, a la hora de siempre – y sin haber recibido respuesta alguna ya que naturalmente la gente normal está durmiendo a esa hora, me tiré rendida en mi cama y me dormí. No sin antes hacer una lista imaginaria con todos aquellos que me habían comentado que se quedarían con las ganas de participar en el festival...

Durante la mañana del miércoles me dediqué a ordenar mi casa – no se para qué si yo no iba a estar - lavé ropa, hice compras, me despedí de mi hija menor que al día siguiente partía con su padre a Nicaragua, llamé a mi madre para que no se preocupara por mi ausencia en caso de llamarme o visitarme, pero la dejé aún más preocupada ya que ella es de esas que dicen... “Donde mis ojos te vean”. Hice una serie de llamadas postergando lo que era necesario postergar y en eso estaba cuando a las 15:10 sonó el teléfono y me dieron el vamos!

Llamé al hotel más cercano al lugar de los hechos, Cab Inn que resultó ser tal cual me lo imaginé. Algo así como una cabina de plático donde nada tiene principio ni fin. Todo es de una sola pieza resbaladiza... Recuerdo que hace años atrás hospedé en uno de esos a las afueras de Orleans...
Pero esta vez no olvidé nada y partimos, mi bolso y yo.

Ya mientras preparaba esta repentina aventura me había enterado de la agradable sorpresa de que el abono que pretendía comprar no era un abono común y corriente sino que se trataba de un “paquete festival” o sea, además de las milongas, estaban incluídos 6 workshops con exelentes profesores y en este caso específico con un danés que temía quedarse sin DancePartner. “Ha bailado durante un año” me informaron y entonces la que temió fui yo. “No se puede tener suerte en todo, pensé”...

Al llegar a la estación donde tomaría el tren a Copenhague me recordó mi estómago que aún no había desayunado. Compré un chocolate y una botella de agua y con esas dos cosas en la mano subí al tren que ya anunciaba su salida... Desperté en Norreport, la estación donde debía cambiar al metro que me llevaría a la estación Forum. Bebí el agua y me deshice del chocolate en el primer papelero que encontré ya que amenazaba pintar mi mundo de color café.
Yo lo prefiero color de rosas.

Los hoteles de menor calidad – que a menudo son bastante más caros de lo justificable – exigen por lo general, pago anticipado. Presagio infalible!
Me declaré totalmente instalada después de pasar revista a la limpieza y de haber designado un lugar a mi fiel compañero del día a día – mi laptop. Me di una manito de gato y me dispuse a caminar los 200 metros que me separaban del magnífico edificio de Radio Dinamarca, donde minutos antes se había inaugurado el festival.

A mitad de camino pasé por un restaurant italiano y sin pensarlo dos veces entré y pedí el menú a un camarero que en ese momento me daba la espalda.
Nos miramos durante una eternidad y cuando esta llegó a su fin después de unos treinta segundos, la hoja de mi diario de vida mostraba “Septiembre de 1984” .
“Enrico” balbuceé al mismo tiempo que el dijo ¿“Maya”? y nos abrazamos otra eternidad. La única vez que nos habíamos abrazado largamente fue la noche en que dormimos juntos a pesar de ser perfectos desconocidos. Fue en el camarote del barco que nos traía de Helsinki a Estocolmo. El, mochilero con más ganas que recursos y yo... muy enamorada regresaba de un corto encuentro con el hombre que había conocido algunos meses antes y que – aunque no lo sabíamos entonces –
sería mi compañero de vida durante muchos años.

Me indicó una mesa junto a la ventana, se sentó frente a mi e hizo una seña a otro camarero que muy pronto apareció con un candelabro y una botella de vino. “Por la dama y el vagabundo” dijo al alzar la copa de vino...

El me contó que le tomó mucho tiempo entender que yo lo había invitado a compartir mi cama sólo para que durmiera más cómodo que tirado en el suelo de uno de los salones del barco como se disponía a hacer después de haber charlado unos minutos conmigo en la cafetería y que el abrazo aquel había sido más bien un asunto funcional. Que no se cayera de la estrecha cama...
Yo le conté que estaba recién separada y que el motivo de mi visita a Helsinki estaba por viajar a Nicaragua con nuestra hija menor.
Supe que estaba muy agradecido de mi no tan sólo por compartir mi cama con él y por haberlo invitado con desayuno aquella mañana de otoño en que arribamos en el puerto de Estocolmo sino que también porque antes de separarnos le había dado todo el dinero que llevaba conmigo – que por cierto no era mucho – para mitigar en parte sus peripecias de viajero pobre.
El había seguido viajando y como a mi el amor un día me llevó a Finlandia a él sus amores lo llevaron a Dinamarca donde finalmente se instaló con un restaurant para estar cerca de los hijos que fueron llegando y definitivamente atándolo a los 55° de latitud norte. Los últimos 5 años los hemos vivido a 35 minutos de distancia...

Dos horas más tarde y con varios urgentes mensajes de texto en mi celular nos despedimos con un “nos vemos”.

Los organizadores del festival me recibieron amablemente, se disculparon por hacerme entrega de un pase donde decía “Agneta Eriksson” y me indicaron el lugar donde me esperaba Lars, mi compañero de baile.

Nunca nos habíamos visto pero nos reconocimos al instante. El agitó su brazo en el aire a modo de saludo y yo al besarle la mejilla, constaté que era algunos centímetros más bajo que yo. Canturrié “Se te dió vuelta la taba” y el sabio de Lars, al cual doblo en edad, me dijo: “He bailado sólo un año, pero en forma muy intensiva, 6 horas diaras” mientras seguramente pensaba “te demostraré que el tamaño no es de vital importancia”. Sonreí...

Lars resultó ser bailarín profesional que además de llevar como los Dioses, le gusta dejarse llevar. Y yo, que aunque no llevo como las Diosas, pero lo hago de muy buena gana, le agradecí a mi suerte “tamaño regalito”.
¡Fue genial! En las clases trabajamos muy bien ya que coincidimos en todo lo esencial y por las noches en las milongas nos divertimos tanto probando los conocimientos recién adquiridos que de la diferencia de altura – que era aún mayor ya que no desistí de encaramarme en mis zapatos de tacón alto – ni me acordé.
Al despedirnos el domingo, lo hicimos con un ¡“Esta la repetimos”!

A mi amigo Jonas, que sólo tenía ojos para Alice, lo vi todo el tiempo. El mide un metro noventinueve.

2006-05-18

Gracias!

Debe haber sido por allí por el 93…

Enrique y yo nos enontramos por primera vez cuando comenzamos un curso de tango que por esas cosas de la vida yo no terminé, pero el si. El siguió bailando y bailando bién y cada vez que nos veíamos por ahí me incitaba a reintegrarme a la escuela y a veces, sólo a veces, me invitaba a bailar a Copenhague...

Pero él era muy buenmozo y yo muy casada así es que nunca lo acompañé.

Hace cuatro años atrás, a fines de junio nos cruzamos en la calle como tantas otras veces y aunque yo seguía igualmente casada él me debe haber parecido casi feo ya que apenas había nombrado la posibilidad de ir al tango yo ya había aceptado.

Recuerdo que era el último viernes de junio cuando con ansia y con temor llegué a la escuela de tango que ya no era la de nueve años antes. La profesora, que tampoco era la misma, me dió la bienvenida y me informó que debería esperar hasta después del verano para empezar a aprender a bailar tango... La escuela estaría cerrada durante el mes de julio ya que ella se iba a Buenos Aires.

A mediados de agosto pude por fin empezar batallar con los cortes y quebradas. Cada viernes al principio y cada viernes y domingo más adelante, era una de las primeras en llegar y una de las últimas en irme. “Clases abiertas”, la mejor manera de aprender a bailar tango, según yo misma... Entre la una y las siete de la tarde estábamos allí - y aún seguimos - entrenando nuevos pasos, nuevas figuras, aprendiendo técnica y charlando, comunicándonos nuestro sentir por el tango.

En la clase abierta, todos bailan con todos.


No así en las milongas...

No encontré la forma de motivar a mi esposo para que me acompañara y así fue que mis primeros meses de tanguera tangómana los pasé lamentando no ser casada con un aspirante a bailarín ya que en el mundo del tango, como en el mundo en general, las mujeres somos mayoría y eso significa mucha espera, mucha frustración - tristeza tanguera.
Creí que había dejado de lamentarlo en el mismo momento en que decidí que aprendería el rol de hombre...

Para entonces Enrique había partido a Chile y estuvo ausente todo mi primer año tanguero. Cuando volvió, más buenmozo que nunca, no venía solo.
Entonces, la definitivamente fea, fui yo.

Muchas Gracias Enrique! Sin tu incansable insistencia mi vida hubiese sido mucho más pobre.



















La oreja de Enrique y yo en una foto disparada por la buenamoza que lo conquistó


La noche en que el 2005 pasó a ser el 2006 me encontré con Inger, una de las tantas suecas amantes del tango argentino en esta región, que desde hacía tiempo me insistía en que yo debería "dármelas" de profesora de tango. Esa noche, mientras cenábamos y charlábamos (con/de) España en el corazón, supo regar la semilla ya plantada... Le costó mucho persuadirme, pero a fines de marzo lo logró. Me llamó una tarde y me dijo: Jag har 10 par som är intresserad... en español: Tengo 10 parejas interesadas en aprender... Te están esperando!

Y así empezaron veinte suecos a batallar con los cortes y quebradas. Y yo, haciendo alarde de mi equilibrio en cada uno de mis dos roles, les fuí guiando por los vericuetos del tango.
A medio camino se me cruzó Rolf. Un tanguero - también él sueco - que lleva muchos años bailando tango en un sinnúmero de ciudades del mundo. Fue una tarde en que sólo él y yo bailábamos en la sala de mi casa cuando nació la idea de invitarlo a compartir el curso conmigo. A él le entusiasmó la idea y así lo hicimos.























Tango junto a mi ventana...




* * *



Esta noche llegué a casa con flores y una botella de vino mendocino, Gran Lurton - regalo de mis alumnos y una gran alegría en mi corazón tanguero - regalo de la vida. Fue hermoso y gratificante ver como después de ocho lecciones breves, esas veinte personas – en Trelleborg, una ciudad con menos de 40 000 habitantes situada en el sur de Suecia a unos 12 000 kilómetros de Buenos Aires – bailaban tango argentino.




A mi no me digan que los suecos son frios!



Ellos me han dicho que quieren continuar. Les he nformado que buscaré una reemplazante.
Ahora la que se va a Buenos Aires soy yo.




Muchas Gracias Inger! Sin tu incansable insistencia mi vida hubiese sido mucho más pobre.




2006-05-17

Tango entre feminas...



"Carlitos Fabian Redondo Rivas" (mi nombre artístico) se dispone a bailar un tanguito con ella
el 17 de mayo de todos los años...

Día Internacional Contra la Homofobia.

Desde mi condición "hetero" brindo por la diversidad!


2006-05-04



T


T como en Tú y yo

T
como en nuestro Tango

Tácito secreto de nuestros

Transidos cuerpos

Tímidos...


Tibios...

Turgentes...

Triunfantes...

2006-05-03

Mi tango y yo...


Yo tenía once años cuando una de mis hermanas mayores tendría su fiesta de cumpleaños en muestra casa allá en Santiago. Ella cumplía quince años y por la mañana de ese día recibió una bicicleta y el entonces - último LP de Los Beatles.

Yo – muy ilusionada con la fiesta y con la vida – me puse uno de sus vestidos que obviamente me quedaba muy grande, me calcé sus zapatos sin talón y con un taco demasiado alto para mi y me senté en una silla a esperar que sus amigos me sacaran a bailar. Eso era lo único que yo deseaba y ellos eran muchos!

Esperé…

Poco después de medianoche y con los ojos ya casi cerrados por el sueño vi a mi padre - luciendo su mejor sombrero y con el cigarrillo en la comisura de los labios - acercarse a mi mientras me ofrecía su mano con un gesto que no dejaba lugar a dudas.

Aquella noche, en sus brazos, di mis primeros pasos de tango.

Oh! Cómo lo odié a él, y a la música y al baile!

* * *
Yo tengo 48 años cuando una noche cualquiera entro a una tanguería acá en Malmö. Mi bicicleta la he dejado estacionada afuera del local y por la mañana del mismo día he comprado el último CD de Timbuktu. Muy ilusionada – con la noche de tango y con la vida – y llevando un pantalón a mi medida y zapatos de taco mediano, me siento a esperar que algunos de los tangueros que han llegado hasta allí, me saquen a bailar. En ese momento no deseo otra cosa y ellos son muchos!

Espero…

Poco antes de la medianoche y con ojos ya casi cerrados por el sueño, vuelvo a ver a mi padre, luciendo su mejor sombrero y con el inhalador de nicotina en la comisura de los labios, acercarse a mi mientras me ofrece su mano con un gesto que no deja lugar a dudas.

Esa noche, en sus brazos, derramo una lagrima tanguera.

Oh, cómo te amo viejo! Muchos años después de tu muerte, amo también la música y el baile.

2006-04-02

Incompleta





No, no fui toda yo la que cruzó el océano...


¿Dónde estás parte escencial que tanta falta me haces?

Dónde estás parte de mi alma, mi otro yo, la que no me acompañó, la que quedó bien plantada en aquella tierra mientras yo me adentré en las nubes. Después de muchos años veo aún tus ojos que como un ruego me miraban tratando de entender... O eres tú la que aún ve los mios?

2006-04-01

Período de orientación...


Acabo de integrarme a este espacio y no lo domino. Tendré que darme unas vuetecitas por él y escudriñar sus rincones antes de largarme...


He visto que se pueden hacer comentarios... Yo les daré la bienvenida a todos los comenterios que estén formulados en buenos términos, pero... Comentarios "sin comentario" serán retirados sin derecho a pataleo.